-ELLA: ¿Qué pasa, en qué te puedo ayudar?
-ÉL: No me pasa nada, y me sorprende verte preocupada,
-ELLA: Por favor, mírame a la cara.
-ÉL: Ya hablaremos, ahora tengo prisa.
-ELLA: No me dejes con la duda, esa irónica sonrisa.
-ÉL: Qué te pasa a ti, que te veo tan sumisa.
-ELLA: Corazón encadenado, en la cárcel del amor.
-ÉL: De qué me hablas, de qué me acusas, si no hay cadenas entre tú y yo.
-ELLA: Son tus besos que me atan, son los celos que me matan.
-ÉL: Lo mismo siento yo.
-ELLA: ¿Pero cuándo, cómo y dónde?
-ÉL: Cuando en la calle alguien te sonríe y tú correspondes.
-ÉL: Sólo vives, para ti nada más.
-ELLA: No es cierto lo que dices, hago lo que tú me exiges.
-ÉL: Cuando se ama no se exige, no lo olvides.